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Qué es la asertividad y cómo desarrollarla: estrategias prácticas.

 

 Te has preguntado alguna vez por qué hay personas que infunden respeto sin caer en la grosería o la agresividad y que, lejos de ello, son amables y corteses. Cuál es ese «don» que parecen tener y que nos genera tanta admiración. Y, más importante aún: ¿Cómo podemos desarrollar esa extraordinaria habilidad?

Hoy quiero hablarte de la asertividad, una manera eficaz de comunicarnos y que nos ayuda a generar y a mantener relaciones sanas con los demás y con nosotros mismos.

Teniendo en cuenta que somos seres sociales, se torna indispensable aprender a comunicarnos de la mejor manera posible.

Y veremos cómo ello redunda no solo en una mejor comprensión mutua, sino, y esto es  fundamental, en nuestro propio bienestar general y en el de los demás.

Los expertos nos dicen que básicamente tenemos tres maneras de comunicarnos:

1. PASIVA

2. AGRESIVA

3. ASERTIVA

La comunicación asertiva es una manera funcional de comunicarnos donde mantenemos el respeto hacia nosotros y hacia los demás, mientras que la agresiva y la pasiva son maneras disfuncionales de hacerlo, porque en general no nos favorecen y nos dañan a nosotros y/o a los demás.

He aquí cómo operan:

1. Comunicación pasiva 

Es cuando debería hablar (o actuar) y no lo hago.

P. ej. Cuando alguien me grita, me insulta, o emite un comentario  humillante hacia mí, o hace algo que considero que vulnera mis derechos o los de terceros, por lo cual me siento enojado o indignado y sin embargo lo paso por alto, no por una decisión libre y prudente que considero que es la mejor para mi seguridad personal en ese contexto, sino por miedo a la reacción del otro y/o al qué dirán, reprimiendo mis emociones y explotando por dentro, es decir, implotando.

De este modo, mi elección no es libre ni desde el autorespeto, sino determinada por el miedo. En otras palabras, no respondo (desde mi libertad interior y consciente), sino que reacciono (compelido desde afuera por el entorno y desde adentro por mis creencias limitantes).

Esto no solo me genera una sensación desagradable, pudiendo llegar a enfermarnos (como lo atestigua la OMS en una de sus publicaciones, donde afirmó que cerca del 90% de las enfermedades son psicosomáticas, esto es, tienen un origen psíquico-emocional) sino que, digo,  es un duro golpe a nuestra estima, nos disminuimos como personas y nuestra valía se ve seriamente afectada.

(Si tienes dudas respecto del impacto físico real de los problemas emocionales, te invito a leer el excelente libro de la doctora Suzanne O’ Sullivan titulado Todo está en tu cabeza : Historias reales de enfermedades imaginarias este artículo).

La actitud pasiva nos lleva a evitar siempre el conflicto, y a tal fin permitimos que nos falten el respeto e incluso  que nos agredan, poniendo en riesgo nuestra integridad personal y nuestra dignidad.

Rehuimos asimismo todo desacuerdo con los demás, acomodándonos a sus opiniones y sus gustos pensando que así seremos aceptados y valorados, cuando en realidad generamos el efecto contrario: más rechazo.

Y si no nos rechazan, es porque nos ven como simples medios a explotar para sus intereses individuales y egoístas, haciéndonos blancos de sus manipulaciones, con el enorme coste emocional y sufrimiento psíquico que ello implica, acumulando tanto  resentimiento, tristeza y amargura de nuestra parte que incluso puede llevarnos a  trastornos que a menudo se tornan crónicos (depresión, trastorno de ansiedad generalizada, ataques de pánico, fobia social, por no hablar de los intentos de suicidio en casos más graves).

Y lo paradójico (o no tanto) es que una conducta pasiva soportada durante mucho tiempo termina convirtiéndose muchas veces en una reacción agresiva desproporcionada de nuestra parte, donde «estallamos» ante una situación o una persona concretos cuyo estímulo fue una bagatela en comparación . Digamos que fue «la gota que rebalsó el vaso» que nos llevó a reaccionar tan intempestivamente, y de este modo quedamos nosotros en el rol de  «agresivos» ante la mirada atónita de los demás.

Otra versión es cuando nos callamos ante quienes deberíamos ser asertivos y luego descargamos esa ira reprimida en personas, objetos o mascotas (¡Y esto debería avergonzarnos!) que nada tienen que ver con la causa de nuestro enojo, que no es más que nuestra incompetencia comunicativa.

Frederick Douglas, ex esclavo y gran luchador y orador abolicionista afroamericano, escribió: «La naturaleza humana está constituida de tal forma que no puede honrar a un hombre desvalido, pese a que puede apiadarse de él; pero ni siquiera podrá hacer esto por mucho tiempo si no brotan en él indicios de fuerza».¹

Además, en la actitud pasiva hasta podemos llegar a actuar de una manera diametralmente opuesta a nuestras convicciones, intereses y necesidades con tal de no contrariar a los otros. 

Ejemplos:

• En un restaurante pides un plato de comida y lo traen excesivamente salado.

Reacción: te callas, no te animas a reclamar y  lo comes a disgusto. Conducta pasiva.

• O estás en la cola de un supermercado y alguien se te «adelanta» en la fila, pero te encoges y no te animas a reclamar por el derecho que te asiste. Luego, ya de camino a casa, te carcome el remordimiento de no haber actuado con más valentía.

• O en una reunión social donde te encuentras, uno de esos descalificadores seriales te lanza un comentario del tipo: «Estás gordo» o «Tienes los dientes muy grandes», y te quedas callado con la cabeza baja sin expresarle tu disgusto por temor a su reacción o la de los demás, minando tu autoestima y  tu poder personal con cada comentario de esta índole mientras lo que prometió ser un encuentro agradable se convirtió en un suplicio para ti.

Y  duele.

(Luego veremos cómo responder asertivamente en cada uno de estos ejemplos 😉).

(¿Te han  pasado algunas de estas cosas u otra situación similar, y cómo te sentiste? Me encantaría leerte en los comentarios👇).

Es importante remarcar que nosotros les enseñamos a la gente (a través de nuestra actitud) cómo nos pueden tratar. Por lo tanto, llegarán hasta donde tú se los permitas, y no te quepa la menor duda de que llegarán tan lejos como se los consientas. 

Muchas personas me preguntan por qué parecen «atraer» siempre  a personas abusivas en sus relaciones. Y la respuesta es que los aprovechadores no son  ningunos zonzos, pues son expertos en detectar  a los pasivos, y encuentran un terreno fértil en el que obtener beneficios ante una persona incapaz de oponerse.

«Si te muestras débil, no te tendrán piedad».

El doctor Walter Riso dice al respecto: «Los sumisos atraen a los abusivos como el polen a las abejas»². O como reza el dicho: «Como te ven te tratan» (y esto, te lo aseguro, es literal).

Características de la conducta pasiva 

  • Evita.
  • Teme desacuerdos, cede.
  • Calla o habla en voz baja, vacila, titubea.
  • Baja la mirada.
  • Expresión facial de miedo, tristeza, comisura de labios hacia abajo, párpados caídos.
  • Cierra el pecho, encorva la espalda.
  • Se culpa y se disculpa por todo, como si pidiera permiso para SER.
  • Posterga decisiones.
  • Niega sus necesidades, o se siente incapaz de expresarlas. («Cuentan tus necesidades, no las mías»).
  • Deja que los demás elijan.
  • Minimiza los malos tratos recibidos, se humilla.
  • Ante evaluaciones negativas se retrae, se deja invadir.
  • Disfuncional.
  • Baja autoestima.

2. Comunicación agresiva

Es cuando reacciono de forma violenta o desmesurada.

P. ej. Cuando alguien nos dirige una crítica constructiva o nos hace un comentario que nosotros interpretamos como ofensivo (la asertividad, a nivel intelectual, nos permite discernir claramente lo que el otro hace o dice de lo que nosotros interpretamos o sentimos al respecto), cuando de hecho no lo es, y en consecuencia nos despachamos con injurias hacia el otro, levantando la voz e incluso amenazando.

Y aun cuando la otra persona objetivamente se comportara de manera inapropiada o virulenta con nosotros, veremos que actuar en espejo (reaccionando de la misma manera) no es la mejor solución, ya que no hace más que alimentar la espiral de agresividad.

La persona agresiva tampoco responde, sino que reacciona, solo que ahora es él quien ejerce la agresión hacia los demás, expresando sus pensamientos y sentimientos sin importarle los de otras personas, imponiéndose a través de gritos y amenazas tanto verbales como no verbales (gestos y movimientos faciales y corporales, así como a través del lenguaje preverbal: tono, ritmo y modulaciones de la voz) que muchas veces generan temor; y cuando generan  respeto, lo hacen a través de ese miedo, un respeto condicionado que fácilmente puede mutar en resentimiento o incluso hostilidad.

Remarquemos que si bien la comunicación agresiva es en estos casos reactiva, puede ser utilizada perfectamente como una «respuesta» hábilmente  premeditada para generar un determinado efecto en los demás. Pero esto entraría dentro del ámbito de la manipulación y ya no estaríamos hablando de una comunicación agresiva en sentido técnico, sino de una «puesta en escena» que «elijo» a consciencia para influir en mi entorno, con unos fines específicos también deliberados.

Cabe destacar que la conducta agresiva no tiene nada que ver con la seguridad y la valentía (aunque muchos así lo malinterpreten), sino todo lo contrario: es una incapacidad para controlarse y para gestionar el enojo de forma adecuada y sana. 

Hay un principio en psicología que reza así: «Dime de qué te pavoneas y te diré de qué careces».

Solo una persona segura de sí misma se da el permiso de ser respetuosa y educada para con las demás ante situaciones conflictivas que requieren de un gran autodominio para elegir la conducta más apropiada y no dejarse manejar por las emociones (el colmo de la fortaleza interior y lo opuesto a la debilidad).

El agresivo, en realidad, «sobrecompensa» su inseguridad y su temor con una supuesta «seguridad» pomposa, histriónicamente actuada.

Y aun cuando una persona agresiva  no tenga temor (que puede suceder), su conducta no deja de ser inapropiada, ya que no tiene en cuenta los derechos de los demás. 

Aristóteles, uno de los más grandes filósofos de todos los tiempos, dijo: «Cualquiera puede enojarse, eso es fácil. Pero enojarse con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto y de la forma correcta… eso no es tan fácil»³.

Veamos cómo actuarías de manera agresiva en los ejemplos anteriores:

• En un restaurante pides un plato de comida y te lo traen muy salado.

Reacción: armas un escándalo, te vas sin pagar y vociferando amenazas.

• En la cola del supermercado, alguien se te «cuela» y tú, ni lerdo ni perezoso, le gritas cosas como: «Sos un grosero, un estúpido, ¿quién te creés que sos, imbécil?» mientras le señalas a su cara con tu dedo índice en actitud desafiante.

• En la susodicha reunión social te encuentras con el también susodicho descalificador serial quien, sin preámbulos, te espeta: «Estás gordo» o «Tienes los dientes muy grandes». Y tú, ardiendo como un volcán y con los ojos inyectados en sangre, le retrucas: «¿¡Y a vos qué carajo te importa, eh, cara de…, pedazo de…, envoltorio de…!?»

Bien. 

Características de la conducta agresiva

  • Reacciona.
  • Se apresura a confrontar, amenaza, manipula.
  • Grita, habla rápido para no ser interrumpido.
  • Clava la mirada, intimida.
  • Tenso, dientes apretados, entrecejo contraído.
  • Saca pecho, puños apretados queriendo tener dominio.
  • Responsabiliza a los demás: «Tú…», «Ustedes…».
  • Decide apresuradamente.
  • Exige, reclama que sus necesidades sean satisfechas. («Cuentan mis necesidades, no las tuyas»).
  • Da cátedra, sermonea, ordena.
  • Exagera, humilla con burla y sarcasmo.
  • Ante amenazas reacciona atacando, invade.
  • Disfuncional.
  • Baja autoestima (aunque aparente lo contrario).

3. Comunicación asertiva

Aquí me quiero detener, ya que es el tema que nos convoca.

¿Qué es la asertividad?

La asertividad es la sutil danza entre el «yo» y el «» que tienen que converger en un «nosotros» y, de igual forma que en un baile, deben tratar de acoplarse procurando no pisarse y conseguir una sintonía de fondo y una armonía en las formas.

La manera agresiva termina y empieza en el «yo», anulando el «». La pasiva, en cambio, solo tiene en cuenta el «», eliminando al «yo».

Asimismo, la asertividad tiene más que ver con el SER que con el HACER (éste se deriva de suyo de aquél).

Es una disposición intrínseca de nuestra propia personalidad, no una receta aplicable como estrategia o táctica para obtener determinados resultados.

En este sentido, deberíamos comparar a la asertividad con una arte más que con una técnica.

«No basta con tener la habilidad de ser asertivos, hay que saber distinguir cuándo, dónde, cómo y con quién puedo serlo y estar pendiente de los efectos sobre mí y sobre el entorno, que son los que determinan en última instancia mi grado de competencia asertiva».

Así, puede que aplique una asertividad impecable, de manual, y sin embargo sentirme incomprendido, atender solo a mis intereses e importarme muy poco los otros, experimentar dificultades en mis relaciones, etc.

En otras palabras, no basta con la técnica, hace falta una actitud, una disposición interna para ser asertivos. Es importante aclarar que no se puede ser asertivo al cien por cien, e incluso la asertividad es desaconsejable por sistema, pues aun en determinadas situaciones no es recomendable (por ejemplo, si corre peligro tu vida o la de otra persona).

De lo que se trata es de no ser pasivos ni agresivos en extremo ni  sistemáticamente, sino primordialmente asertivos.

¿Cómo definimos, entonces, la asertividad?

Podríamos definirla como una actitud o disposición que nos permite expresar lo que sentimos y pensamos teniendo en cuenta nuestros derechos y los derechos de los demás.

Dicho de otra forma, es una habilidad para comunicarnos donde me respeto y respeto al otro.

Esto último es fundamental para no confundir nuestro derecho a expresarnos con la arrogancia de creer que tenemos derecho a decir lo que queramos, de cualquier manera y en cualquier contexto, bajo el ropaje de la «sinceridad» y la «autenticidad».

La asertividad no tiene nada que ver con este tipo de sinceridades, que, dicho sea de paso, no es sinceridad sino sincericidio: es decir, la sinceridad «asesinando».

En realidad, el sincericidio es un tipo específico de agresividad camuflado de «autenticidad». La gente que comete sincericidio se da licencia para decir lo que quiere y como quiere sin respetar lo que pueda sentir el otro porque, según ellos, son «sinceros» (y, de este modo, quedan «eximidos» moralmente de cualquier daño que puedan generar con su comportamiento…).

Ejemplos:

«Es un asco la comida que hiciste»; «Ese vestido te queda horrible»; «Tu discurso fue deplorable»; «Sos pésimo dibujando, tenés que dedicarte a otra cosa para la que seas apto».

¿Te suenan esas frases «sinceras»?

¡La asertividad está lejos de eso!

No tiene por qué ser cruel. No consiste en desatar la expresividad «natural» de cada cual, sino en regularla y adecuarla a las necesidades propias y del entorno.

La verdadera sinceridad no consiste en ir por  la vida diciendo todo lo que pensamos, sino en que lo que digamos lo pensemos y lo sintamos, que es muy distinto.

Quiero insistir en que la asertividad no es una fórmula que se pueda aplicar mecánicamente, sino fundamentalmente una manera de ser, una actitud ante la vida y los demás.

Porque, «de igual modo que la verdadera elegancia no está en la ropa, sino en el posado y la actitud  de quien la luce, la asertividad solo tiene algo de extraordinario cuando la acompañamos de un sentimiento profundamente estético y ético de la vida y las relaciones».

En otras palabras, no podemos comunicarnos de manera genuinamente asertiva si primero no somos asertivos.

¿Y por qué es tan importante ser asertivos? 

En primer lugar, porque los datos disponibles en psicología de la salud son contundentes al demostrar que la expresión del sentimiento de insatisfacción o de ira es beneficiosa, tanto para la autoestima como para el organismo.

Dicho de otro modo, la expresión de la propia emoción es importante en misma6, pero para que sea funcional debe hacerse de forma adecuada, es decir, asertiva.

Además, como ya señalé, al ser asertivos nos relacionamos de manera saludable con los demás, evitamos ambigüedades ya que somos claros y directos en nuestro mensaje a la vez que tenemos en cuenta los derechos de los otros, marcando límites bien definidos respecto de lo que toleramos y de lo que no.

Dicho en otros términos, nos respetamos y respetamos a los demás, infundiendo un respeto hacia nosotros no condicionado por el miedo, sino por nuestra conducta ética y por nuestro carácter honesto y transparente.

«Así, también podríamos entender la asertividad como el equilibrio entre la firmeza, la calma y la oportunidad en un marco de respeto».

No olvidemos que la asertividad no solo podemos ejercerla en el rol de hablante, sino también en el rol de escuchador.

En este sentido, la asertividad es tanto un saber decir como un saber callar.

Saber cuándo, cómo y ante quién callar es una forma poderosa de asertividad.

De acuerdo con lo dicho, así como al hablar con asertividad favorecemos un contexto saludable y respetuoso de comunicación, lo mismo hacemos al escuchar o mantener un silencio asertivo.

Por ejemplo, a veces una persona que está atravesando un profundo dolor solo quiere que la escuches atenta y empáticamente, y en esta situación lo más asertivo sería escucharla, sin decir nada.

O piensa en esta otra situación, cuando estás ante una persona muy airada y enfadada, y que está totalmente cerrada a cualquier tipo de diálogo. En este caso lo más asertivo sería permanecer en silencio, ya que cualquier cosa que  digamos muy probablemente no hará más que acrecentar su enojo y hostilidad.

¿Ves la importancia de la escucha y del silencio? Déjame tu comentario👇.

Características de la conducta asertiva

  • Responde, actúa.
  • Concilia, negocia los desacuerdos.
  • Dialoga, habla con firmeza y serenidad, el tono de voz y la postura corporal confirman lo que dice.
  • Mira a los ojos con serenidad y firmeza.
  • Expresión facial sosegada, relajada.
  • Postura erguida, afirmada, distendida.
  • Se hace cargo de lo que corresponde. Se expresa en primera persona: «Yo pienso… Me siento… Creo… Opino… Me gustaría…».
  • Con discernimiento espera el momento oportuno.
  • Reconoce sus necesidades, sabe pedir y reconocer las ajenas («Cuentas mis necesidades y las tuyas»).
  • Opina integrando a los demás.
  • Equilibra, respeta sus derechos y los ajenos.
  • Se siente bien consigo mismo. Recibe críticas sin desmoronarse, sabe delimitarse.
  • Dice NO de manera educada y firme, sin sentir culpa por ello y sin titubear.
  • Funcional.
  • Autoestima realista.   

  Veamos cómo actuarías asertivamente en los ejemplos mencionados.

• Pides un plato en un restaurante y te lo traen muy salado.

Llamas al mozo y le pides por favor que te traiga otro con menos sal.

• Estás en la mentada fila del supermercado y el insolente que ya conoces se «adelanta» a los que están contigo esperando civilizadamente en ella.

Con voz serena pero firme le dices: «Señor, nosotros estamos primero en la fila, le pido por favor que espere su turno».

• En la reunión social donde dijimos que te encuentras, el ya tristemente célebre descalificador serial te arroja un par de  sus habituales dardos: «Estás gordo» o «Tienes los dientes muy grandes».

Tú lo miras con calma pero con seguridad, y con voz clara, decidida y sin titubear le respondes: «No me gusta que me hables así, me siento insultado, te pido por favor que me hables con más respeto».

(Puedes  reforzar esto poniendo la palma de tu mano hacia él/ella indicando un límite que no permites que sobrepase, como una señal de ¡STOP!)

También, como estrategia asertiva (nunca como reacción pasiva) y sobre todo si es una primera vez, puedes ignorarlo y continuar como si nada hubiera pasado: lo pondrás en ridículo ante los demás al hacer evidente su nula  eficacia  agresiva, mientras tú quedas como un caballero o una dama imperturbable a tales minucias 😉.

 Ahora que ya sabes la importancia de ser asertivo, quiero darte algunos tips para desarrollar esta capacidad que, como tal, se la desarrolla practicando.

TIPS PARA DESARROLLAR TU ASERTIVIDAD

 1) Sustituye  el «PERO» por el  «Y»

P. ej. Si alguien te invita a una fiesta puedes decirle: «No voy a poder acompañarte y me habría gustado» en vez de: «No voy a poder acompañarte pero me habría gustado». El pero anula la proposición precedente, la rechaza o le resta valor.

En caso de que lo utilices, es preferible que uses la parte negativa de la proposición adversativa al comienzo y la positiva al final. Ej.: «No voy a poder ir a tu fiesta, pero te agradezco que me hayas invitado», es mejor que decir: «Te agradezco que me hayas invitado, pero no voy a poder ir a tu fiesta».

¿Por qué? Pues porque se activa en el oyente el llamado «efecto de recencia», que básicamente significa que la última parte de una frase se recuerda más y queda resonando en nuestro oído interno por más tiempo que las partes restantes, al menos en el corto plazo. (Dicho efecto se utiliza mucho en campañas políticas y en el marketing, por ejemplo).

2) Utiliza más el «YO» que el «TÚ» cuando te comuniques

Cuando empleamos mensajes «yo» favorecemos  la receptividad del interlocutor, y cuando empleamos el «»  la obstaculizamos. Ej. : «Quizá no me he explicado bien» (mensaje del yo) facilita mucho más la comunicación que decir: «Tú no me entiendes» ( mensaje del ).

Esto es así porque cuando utilizamos el «» le endilgamos a la otra persona la responsabilidad de lo que sentimos, y eso la pone a la defensiva.

MENSAJE DEL «YO»

Gran facilitador y abridor➡️ «Quizá (yo) no me he explicado bien».

MENSAJE DEL «TÚ»

Gran cerrador/obstaculizador➡️ « no me entiendes».

3) Evita los cuantificadores universales como «SIEMPRE», «NUNCA», «TODO», «NADA», y sustitúyelos por los del tipo «A VECES», «ALGUNOS/AS», etc.

Los primeros son cuantificadores que nos inmovilizan, nos agreden y agreden a los otros, y que además destruye más que construye.

P. ej. Si yo te dijera: «Nunca haces bien las cosas», transmito imposibilidad de cambio, desconfianza y pesimismo.

Si en cambio te dijera: «A veces no haces bien las cosas», ¿Verdad que suena bastante mejor?. Esto último favorece el cambio ya que deja margen de mejora, además de que posiblemente sea más objetivo.

4) Diferencia el «SER» del «HACER»

Cuando digo «Eres» o «Soy» me estoy refiriendo a la identidad mía o de la otra persona; y todo lo que tiene que ver con el ser, con la identidadsuena más agresivo y categórico,  y por lo tanto su poder de inmovilización es muy grande.

Así, en vez de decir «Eres una tonta», es mucho mejor decir «Has hecho una tontería».

Lo mismo cuando te refieras a ti mismo. En vez de «Soy torpe» es mejor cambiarlo por «He cometido una torpeza».

Cuando separamos el SER del HACER, nuestra identidad queda intacta y el respeto también, además de promover la mejora y permitir el cambio.

Por último, y sobre todo cuando quieras expresar algo que te molesta o desagrada, te invito a utilizar esta herramienta práctica desarrollada por Haim Gianott, uno de los pioneros de los programas de comunicación eficaz, que es una de las reglas de oro de la comunicación asertiva.

Se trata de la famosa fórmula «XYZ»:

«Cuando haces o dices ″X″, me siento ″Y″, y me habría gustado que hicieras ″Z″».

Para aplicarla correctamente, sigue estos pasos:

 1) CUANDO/CADA VEZ QUE HACES O DICES X.

Defino claramente el problema, centrándome en la conducta que me ha molestado. Evito criticar a la persona.

2) ESTO HACE QUE YO ME SIENTA Y.

Expreso cómo me siento. Describo mis sentimientos ante esa conducta, en un tono calmado. Me centro en los efectos de esa conducta en mí, sin presuponer intenciones en el otro, sin juzgar ni atacar. Me intereso por su modo de ver el problema y dejo espacio para que exprese también cómo se siente y para una salida digna.

3) ME HUBIERA GUSTADO QUE HICIERAS Z O SENTIRME Z.

Informo de lo que me hubiera gustado. Especifico la conducta que hubiera preferido, en positivo, en lugar de recalcar lo que no quiero, sin presionar y sin exigencias. Digo lo que me gustaría respetando la libertad del otro de aceptarlo o no. Podemos ofrecer varias alternativas. Es el primer paso orientado a la solución.

4) ¿QUÉ TE GUSTARÍA A TI QUE HAGA YO? POR MI PARTE ME COMPROMETO A…

¿En qué medida he contribuido yo a que se diera esta situación? ¿Qué podría hacer o dejar de hacer para que no se repita?. Es un paso adicional que sugieren algunos autores.

Me parece muy conveniente porque cierra el círculo. Implica asumir la parte de responsabilidad que pueda correspondernos y estar dispuestos a poner algo de nuestra parte.

Ejemplo:

1• (X) «Cuando te encierras en ti mismo y no me hablas…

2• (Y) Me siento un poco desconcertado/a y no estoy a gusto.

3• (Z) Me gustaría que si estás de mal humor  me lo digas y me aclares si tiene algo que ver conmigo, aunque si tú prefieres otra cosa podemos buscar otras fórmulas…

4• Por mi parte, me comprometo a darte el tiempo que necesites y a respetar tu silencio».

Como corolario, quiero destacar el hecho de que la asertividad está íntimamente relacionada con la felicidad, desde el momento en que ambas tienen que ver con la calidad de las relaciones con nosotros y con quienes nos rodean. 

Diversos especialistas corroboran que una de las características principales de las personas felices es que gozan de una buena red de relaciones estables con otras personas⁷.

Esto tiene una base neurocientífica. Las interacciones sociales positivas estimulan la secreción de oxitocina (conocida como «la hormona del amor») y se convierten en fuente de salud y bienestar.

Las buenas relaciones son, como señala Daniel Goleman, aliados biológicos.⁸

Ser asertivos es una manera de hacer bien a los demás y por lo tanto a nosotros mismos.

Pues, como diría otra vez Aristóteles, adelantándose más de dos mil años a lo que la ciencia nos muestra hoy: «Hacer bien a los demás no es una obligación, es una ‘necesidad’. Porque al hacer bien a los demás aumenta nuestra propia felicidad».

 

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¡Muchas gracias! 🙂.

 

Liber Heffner

 

Referencias bibliográficas

¹  Frederick Douglass. My Bondage and My Freedom (2003). London. Penguin  Classics. 

² Walter Riso. Cuestión de dignidad (2005). Buenos Aires. Grupo Editorial Norma.

³ Aristóteles. Ética Nicomáquea• Ética Eudemia (1985). Madrid. Gredos.

Eva Bach y Anna Forés. La asertividad para gente extraordinaria (2008). Barcelona. Plataforma Editorial.

Pennebaker. J.W. Opening Up: The Healing Power of Expressing Emotions (1997). Nueva York. The Guilford Press.

Safran, J.D., y Segal, Z. V. Interpersonal Process in Cognitive Therapy (1990). Nueva York, Basic Books.

Martin Seligman. La auténtica felicidad (2011). Barcelona. Ediciones B, S.A.

Daniel Goleman. Inteligencia Social (2006). México. Editorial Planeta Mexicana, S.A.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Esta entrada tiene 12 comentarios

  1. Hana

    EXELENTE ENSEÑANZA!!!

  2. Miguel

    Excelente trabajo, muy productivo.

  3. Leo

    Excelente artículo, didáctico y conciso. Debería hacer un canal de you tube.

    1. Liber Heffner

      ¡Muchas gracias Leo por tus palabras! Sí, de hecho estoy ultimando los detalles para empezar a subir contenidos a mi canal de you tube 🙂 . Saludos!

  4. Nerius

    Muy buen artículo, gracias por compartir!!!

    1. Liber Heffner

      ¡Muchas gracias Nerius por tu comentario! Me alegro que te haya gustado. ¡Saludos!

  5. Leandro

    Maravilloso Liber.

  6. Gice Insfran

    Muy interesante.
    Me uno a la sugerencia de un canal de YouTube y también reels en instagram.
    Maravilloso contenido!
    Te aplaudo!
    Éxitos!

    1. Liber Heffner

      ¡Muchas gracias Gice por tus palabras! Y gracias también por la sugerencia, de hecho estoy en ese proceso. 🙂 Saludos!

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